viernes, 12 de septiembre de 2014

LAS INUNDACIONES EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES



EL GRAN CANAL



Cada vez resultan más recurrentes las inundaciones en la provincia, especialmente en la zona centro y noreste. Más allá de las intensas lluvias que superan en esta época del año las medias anuales, existen otros motivos naturales y artificiales que complican la situación.
En primer lugar, nos encontramos en toda la provincia con pendientes naturales críticas, con localidades distantes del mar, más de trescientos kilómetros, cuya altitud ronda los 70 MSNM, como por ejemplo es el caso de Cachari en el partido de Azul o de Junin. En segundo lugar, vemos que la provincia carece de ríos con suficiente calado para conducir las aguas pluviales hasta el mar, y también de depósitos naturales (lagos) para almacenar los excesos hídricos. En tercer lugar la intervención del hombre que ha modificado la escorrentía, fundamentalmente con la construcción de diques artificiales, los caminos, las amplias zona urbanizadas y los “canales” furtivos que trasladan el problema de un predio a otro. Los elementos enunciados debemos entender son producto de una realidad que debemos aceptar, bien sea por el capricho de la naturaleza, o por el imparable progreso de la vida en la tierra.
Por lo tanto y considerando que no es aceptable convivir con las inundaciones recurrentes, debemos expresar que si bien hay solución, la misma no es sencilla, y que en la actualidad se escuchan discursos bien sea demagógicos, bien sea interesados que no llevan a ningún lugar. Solución hay y veremos algunas interesante de evaluar.

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A principio del siglo XX, un ingeniero francés de quien no recuerdo su nombre, publico un trabajo que título “El Gran Canal”, encontrándose en la biblioteca de la Legislatura de la Provincia en La Plata un ejemplar. La obra consistía en la construcción de un gran canal navegable, coincidente con el Rio Salado, él que tiene su origen en lagunas en el sur de Santa Fe (Teodolina) y desagua en la Ensenada de Sanborombon, luego de correr unos 650 km y a una altura de 75 m aproximadamente. El Gran Canal recibiría los aportes de la cuenca del Salado y del Rio Quinto, que viene desde San Luis. Lógicamente al ser navegable, para lograr calado suficiente, el proyecto del canal contaba con exclusas, y requería la adecuación de todas las estructuras de vías de comunicación que cortan el canal.
Evidentemente se trata de una gran obra de ingeniería, de inversión millonaria, que el autor justificaba en el desarrollo que imaginaba en ambas márgenes costeras. Así pensaba en transformar esas tierras agrícolas de escaso valor precisamente por su carácter inundable, en ricas para la producción de productos hortícolas, granjas e industrias trasformadoras de productos primarios. El hecho de ser navegable, permitía sacar la producción de todo tipo en su zona de influencia, por un puerto que se construiría en Sanborombón.
Como todo proyecto concebido en otra época, y quizás con más entusiasmo que realismo, a la luz de la realidad de hoy y considerando no solo el carácter comercial de la obra sino como una solución a la inundación de millones de hectáreas, me parece que sería prudente dedicarle algún tiempo de estudio a este proyecto. A su vez y así como el Gran Canal solucionaría la falta de un gran río, también debemos considerar la construcción de reservorios naturales asociados al Gran Canal, para el almacenamiento del agua en épocas de exceso, con el objeto de compensar los faltantes hídricos en épocas de sequía.
Respecto de los caminos, (diques artificiales), decir que cuando se diseñan los mismos, las obras de paso de agua (drenaje) se calculan en función de datos de precipitaciones máximas, que según la importancia del camino, se diseña con una recurrencia de 50, 100 0 500 años. Qué quiere esto decir, que se acepta que la vía, una vez en el periodo elegido, el volumen de agua a pasar por los drenajes va a superar el volumen que es capaz de conducir esa estructura, con el consecuente corte o rotura del terraplén contiguo a la obra de escurrimiento y en casos la rotura de la propia estructura. Lógicamente un puente o alcantarilla diseñada para un periodo de recurrencia mayor tienen una longitud o diámetro también mayor y por lo tanto también un mayor costo de construcción.
Esta forma de ver el diseño de una obra de drenaje, cae en el error de considerar solo la transitabilidad del camino (que se corte o no), y no en los problemas que ocasiona el terraplén en el entorno, en este caso, la inundación de los campos. Esto no responde a un desconociendo de los ingenieros viales, sino a problemas presupuestarios, ya que desde las Vialidades solo valúan la inversión en el camino, sin comprometerse con la inversión que entienden corresponde a otros presupuestos (Hidráulica).

Resumiendo, la coordinación de los departamentos de Obras Públicas, el estudio de factibilidad del Gran Canal, forman los dos pilares para salvar el escollo de la escorrentía.